lunes, 29 de diciembre de 2025

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Papi se nos fue en el 2025.

No sé qué otra forma encontrar para empezar a escribir sin mencionar este nuevo evento que se suma al —lamentablemente— extenso listado de hechos que nos han ido dejando rotos.

Lo irónico, y algo que todavía sigo procesando, es que fue precisamente en una etapa en la que se encontraba mejor de salud, cuando en los meses anteriores, al estrenar el nuevo año, no había sido así.

Vayamos desde el principio: Enero me encontró en medio de un nuevo comenzar, literalmente. Un inicio que, dentro de la emoción y el sentimiento de meta alcanzada, trajo también muchos desafíos: aprender a moverme en espacios desconocidos, recalcular rutas y entender —con paciencia— que hacer de un nuevo lugar un hogar toma tiempo.


Pudo haber sido sobrellevado, pero la vida tiene ocasiones en las que hace sus propios planes, no los tuyos. Y en medio de todos los cambios, tocó enfrentar, una vez más, muchos encuentros en hospitales. Muchas preguntas médicas. Mucha oración para que sucediera un milagro.

En todos los aspectos, físico y mental, el primer trimestre del veinticinco fue abrumador. Sobrellevando mucho más de lo esperado y sin una brújula exacta de cómo hacerlo.

Fue ahí cuando llegó la primavera e, increíblemente, en medio del caos, había algo parecido a florecer. Un descanso de clima frío (pero de encuentros cálidos) para explorar lo desconocido a través de los ojos de los niños. Un escape entre amigas esperado desde hacía meses. La casa tomando forma. Visitas que son medicina. La salud restableciéndose.

Fue entonces cuando vino el golpe. Inesperado, injusto, traumático. Demasiado rápido.

Llega un punto en el que, cuando te han tocado tantas despedidas bruscas, el corazón se acostumbra. Y lo más temible de esa sensación es que te deja preparado para esperar siempre lo peor, sin importar las circunstancias. Es muy difícil seguir tu camino de esa forma, más cuando tu naturaleza ha sido buscar el agradecimiento en todo. Y de repente, desconoces ese sentir y no sabes dónde ni cómo volver a él.

Los meses subsiguientes pasaron. Ni más ni menos. Las ganas en freno. Las responsabilidades no. Te toca seguir cumpliendo. Coordinar campamentos de verano y revisiones médicas. Responder preguntas que antes eran simples, cuando hoy enfrentar un “¿cómo estás?” puede sentirse como un examen al que llegas sin haber estudiado.

El 2025 conoció un aspecto silencioso y sombrío de mí que no sabía que podía existir. Sentí duramente el miedo de que el resto de mis días fueran siempre así.

Pero vuelvo a la frase mencionada anteriormente: la vida con sus propios planes. Y es en agosto cuando me regala una pausa. Una distancia. Un soplo de respiro con el mar cerca. Un cambio de horario que fue un almíbar para conciliar el descanso mental. Me permitió, por momentos, volver a sentir agradecimiento puro. Decirlo y sentirlo.

Retomé algo de ganas, las suficientes para no dejar pasar el momento. Y aquí estamos: algunos días más fáciles que otros, pero buscando siempre la forma de cuidarme. No solo por mí, sino por las muchas razones que tengo para estar bien, incluyendo quererme a mí misma y disfrutar estar.

Septiembre me regaló la risa más pura que le he escuchado a mi mamá. También me mostró lo bonito que es sentir el amor y el apoyo de una hermandad capaz de moverse para ser terapia unas para otras.

Octubre me trae su constante solemnidad: celebrar a quien es refugio y equipo.

Llega noviembre y me sube al cuarto escalón de la vida. El pavor que sentía ante este hito era mucho. Sin embargo, ha sido una de las sorpresas más bonitas. He recibido la nueva década como la oportunidad de dejar atrás lo que sobra, con ánimo de sentir fuerza y la esperanza de volver a experimentar algo parecido a la plenitud dentro de nuestra realidad.

Hay algo muy revelador y extraño que se siente con los 40. Estás a la mitad del camino, y eso trae reflexión.

Yo empecé el 2025 pensando que iba a extrañar el apartamento que fue nuestro hogar por diez años. Y resultó que iba a extrañar otras cosas más importantes.

Pensé que sería un año de esplendor, y resultó una encrucijada de encontrar destellos de luz apenas a ratos. Pero los encontré. Y los tengo, en tiempo presente.

Es de ellos que tomo su mano. Bailo, abrazo, lloro, río y, más que todo, agradezco.

2026, dicen que tienes las características de ser transformador. Si lo eres, que sea para convertir el mal en bien, el temor en fe y los momentos difíciles en fortaleza.

Yo seguiré tratando de mirar el cielo y sonreír, buscando el salpique del agua salada que me cura. De tomar las herramientas que la tecnología nos trae, no para sustituir, sino para acompañar y ser mejor.

De ir un día a la vez, hasta que nos volvamos a encontrar y nos toque repasar los meses, una vez más.

Finalizo con la frase que fue motor en este año tan complejo. Que me acompañó por sorpresa en la llegada brillante de los cuarenta y que hoy representa mi sentir: podemos ser como fragmentos de vidrio roto y, aun así, construir una bola de disco que brilla en su entorno.

Que nunca nos falte la capacidad de ser parte de lo bueno, en la historia de alguien que tuvo un año difícil.

martes, 31 de diciembre de 2024

2024.-

Me atrevería a decir que empezaste en buen pie. En un entorno que te dio la bienvenida con amor y música. Con un sistema de apoyo que, en todo tu transcurso, ha dejado el sentir de familia.  

Desde el inicio, fuiste planificado. Incluso en tu futuro, ya estabas predeterminado. Y gracias a esa agenda calculada, nos dejas un regalo constituido de primeras veces. De descubrir nuevas ciudades, recorrer rincones en botas y transitar andenes desconocidos. Me llevaste a palpar con mis ojos la historia y me brindaste el recuentro de abrazos pendientes.

Nos concediste la oportunidad de expandir las alas de nuestros luceros, para poco a poco, enseñarles que la vida es posible adaptarla a muchos lugares. Y en esa misma lección, me permitiste cosechar confianza, no solo en manos externas, también en fomentar la certeza propia de que hay decisiones correctas.

En tu mitad, me llevaste al concreto de mi felicidad. Esas calles y personas que vuelvo y vuelvo, y siempre son hogar.  Y ese patrón que me permite siempre retornar, lo abrazo en gratitud. Lo acojo como motivación para que se vuelva indefinido. Lo reconozco con una suerte excepcional que no debe darse por sentado.

En uno de tus picos más altos de plenitud y alegría, tu rumbo encontró una curva. De un momento a otro, vino un descenso disfrazado a su opuesto. Te convertiste en un laberinto, donde por primera vez en mucho tiempo, el trayecto no hacia sentido… o al menos, asi se sentía.

En un intervalo que parecía infinito, se cuestionaron preguntas sin respuestas. Las dudas arroparon innumerables sí que disputaba si mejor hubiesen sido no.

Pero hay algo importante que resaltar. Y es que incluso los laberintos tienen instrucciones si te das la oportunidad de investigar. En ese manual invisible para afrontar el desafío, cuentan expertos que mantener la calma es esencial. Hay que caminar el trayecto buscando la luz y eventualmente sales del túnel desconocido.

Llegué al final de tu encrucijada escondida 2024, cuando por momentos, ni siquiera yo misma me creí capaz. Fue logrado con un respaldo multifuncional. Desde la sabiduría de quien transita su vida descubriendo los continentes a través de un mapa que refleja lo mucho que tenemos por explorar. Hasta el destello inocente que, a través de una ventana, peina a la vida con su dulzura, mientras tira besos a la luna.

Me dejas con mi contraparte estrenando un cuarto escalón. Un diploma rojo carmesí más allá de lo soñado y una etapa que se cierra en distintas formas.

Tu carta de despedida no es más que tu último regalo a mi persona. Un lienzo en blanco para volver a empezar. A diferencia de lo que anticipamos en tu calendario, tu reciprocidad hoy me arropa dulcemente para acordarme que el próximo capítulo, se escribirá sencillamente mientras se desarrolla.

Contigo no solo el mundo concluye una generación para que nazca otra. En lo particular, voy en ronda a una categoría en la que solo pido salud, y la bendición de continuar dando lo mejor para el otoño y los veranos eternos que forman mi corazón.

Gracias por tu dia extra. Por permitirme ser testimonio del eclipse que adornó tu travesía. Por las sorpresas logradas. Por las buenas noticias que sirvieron de ancla para seguir. Por los días de descanso y las fiestas que se colaron en tus horas.

Principalmente, gracias por recordarme que hay crisis que se pueden convertir en oportunidades.

Hoy y siempre, a seguir encontrando motivos para sacar la ropa de brillo a pasear.

Agarrada de la fe y mis ángeles, feliz 2025.

lunes, 9 de diciembre de 2024

Cucuti.-

Mi oda a quien siempre me alzó a ser mi mejor versión. A la que a pesar de que la despedí en la tierra hace más 3 años, la lloro, quiero y extraño por el resto de mi camino. 

Que siempre te sienta y nos queramos en presente. 

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Te tuve que decir adiós, Cucuti. Expresarlo al resto significaba hacerlo más real y todos estos días una parte de mi se ha negado aceptar mi vida sin tenerte. Por eso la demora de dejarte unas palabras. Porque duele mucho que sean para despedirte. 

En medio de la tristeza, también veo alegría y un agradecimiento inmenso. Quien personificó el significado de abuela por excelencia, tengo la dicha de ser su nieta. Pero Cucuti fue más que eso para mí. Estuvo conmigo desde que llegué a la vida. Mientras mami estaba en recuperación, abuela me sostuvo en sus brazos toda la noche en la que nací. Desde ese momento siempre fue un ancla de mi camino en la cual podía apoyarme. 

Fue mi amiga y compañera. Mi comprensión. Con quien podía ir tomar un helado, compartir un almuerzo, disfrutar el cine, ir al teatro o irnos de compra. Todo esto en cualquier etapa de nuestras vidas, ya sea cuando fui niña o como adulta. Me enseñó a patinar y a montar bicicleta. Quien me llevaba y buscaba a mis clases de flamenco. Mientras crecía, me ayudaba a practicar mi ortografía en inglés, español y hasta francés. 

Gran responsable de mi amor a Dios y ejemplo de fe. Me decía que, en los momentos de ofusque, siempre buscara la alabanza. Casi 36 años después, y esta pericia sigue siendo una luz en momentos de angustias… sobre todo en estos últimos días. 

Y es que eso es lo mucho que me regalaste, abuela. Que tú sigues conmigo en cada gracias Omnipotente. En las mentas de anís, los turrones y la música de Gloria Estefan. En tu orgullo cubano y tu gratitud a República Dominicana por acogernos. En hojear un menú empezando por los postres. En agradecer los abrazos que damos y recibimos porque son combustibles para nuestras almas. En cada crucigrama que encuentre en las revistas y periódicos. En cada paseo a un parque que haga con mis hijos, y en las veces que espero poder enseñarles a jugar Parchís, Jacks y Damas Chinas. 

Cucuti se fue de esta tierra en paz y sabiendo el amor que le rodeaba. Fue en una noche que la luna adornaba el cielo de una forma tan hermosa, que tan solo me hace pensar que fue la bienvenida perfecta para ella. 

Se fue en una fecha que numéricamente, ya desde antes representa un adiós para nosotros. Pero como en todo siempre hay que tratar de distinguir lo bonito, fue también en el día que se celebra el chocolate, un placer que le caracterizaba. Preciso y acorde como tanto Cucuti merece. 

Con su ida, yo cierro una fase terrenal que es de los regalos más valiosos que me representan: la dicha de crecer disfrutando y amando a mis 4 abuelos. Y ese tesoro es mi consuelo y bendición para el resto de mis días. Que su luz siempre sepa guiarme. Te quiero para siempre, Cucuti. Vuela alto y feliz junto a un coro de pajaritos.

Septiembre 2021

domingo, 31 de diciembre de 2023

Veintitrés

“The last day of 2023 is a Sunday, which means new day, new week, new month, new year. New everything. The ultimate reset.” 

La frase que inicia esta despedida es una conclusión popular que actualmente se encuentra en las redes sociales. Por la naturaleza de estos días en los que todos vamos cerrando el ciclo, surge esta particular perspectiva con la cual conecté. Un empezar en su máximo esplendor. 

Escribir sobre el 2023 me ha costado. Lo que normalmente implica ir dejando retazos de ideas y experiencias para tener en cuenta al momento de llegar al desenlace, este año me tomó con el lienzo en blanco.

No porque el espacio lo haya sido en su totalidad. Sino porque ha sido un tiempo de muchos silencios en medio del ruido cotidiano. 

Una reserva presente entre actividades, sorpresas, reuniones para el alma y celebraciones en distintos puntos geográficos. Uno que otro de reconocimientos a nivel profesional, más varios retos completados. Algunos desafíos médicos, agua salada, castillos de colores y una adicionada puerta roja que da la bienvenida a mi santuario. 

Entre tanto, una pausa discreta en la que no necesariamente significa alejarse de las alegrías y el agradecimiento, pero apreciarles desde tu esquina de sosiego. 

Ese estado de ‘estar’ sin muchas veces ‘ser’, es resultado de convivir de la mano del duelo. Siempre le sientes, pero no detiene el seguir. Ya sea por las responsabilidades y compromisos que concurren. O porque es la única opción del trayecto: continuar. 

Definitivamente relaciono estos meses con un recogimiento. En el que, por muchos días, sin esperarlo, luchas con encontrar con el empuje adecuado para arrancar. 

Es así como vuelvo con otra frase que también llegó a mí y trajo paz: “No se necesita un permiso para desaparecer del entorno. Solo asegúrate que el regreso incluya algo de magia y volverás a emerger”. 

Qué bonita es esa palabra clave de “magia”. De mis favoritas, después de la inimitable “Gracias”. 

La magia es un encanto ante tantas posibilidades. Desde serlo hasta crearlo para otros. La ves a través de milagros de vida a tu alrededor. Renace cuando tu propio dolor es la guía de sanar a otros. La sientes a través de chispas de lágrimas, y también de alegría en cada hito de tus hijos. 

La abrazas en cada momento vivido que atesoras y en los que especialmente solo puedes revivir en sueños. 

Será en base a eso, que la tomo como parte de este cierre. Para que cuando ni yo misma me acuerde de que existe, la magia me encuentre a mí. 

2023 y su último día. Tiene la secuencia especial de lo que suelen llamar un número ángel. Y puede que, porque mis circunstancias me encuentran con la sensibilidad alta, yo otorgue la bonita coincidencia de la fecha exclusiva del siglo, como un regalo del cielo. De esos que me acompañan mientras les extraño.

Que hoy, todos logremos cerrar el capítulo con paz. Los que tienen muchas alegrías que agradecer, lo hagan en exceso. Los que todavía estén en búsqueda de una brújula para guiar su Norte, que sea agarrados de la fe. Los que les cueste encontrar fuerzas, que la nobleza a su alrededor les abrace. 

Anhelándote no un nuevo comienzo. Mejor una evolución a tu tiempo. Y que la misma, sea mágica. 

Time to reset. Hope you can. 💖

                               

martes, 7 de marzo de 2023

A 5 meses sin ti...

...me atrevo a compartir lo que pude escribir cuando me tocó decirte adiós. 

Estar aquí sobrellevando este momento sigue siendo surreal. Pero estar aquí para celebrar tu vida, es lo más coherente que podemos hacer, y que mereces. Si hablamos de merecer, hay muchas cosas que me cuestiono y no sé si en algún momento vaya a encontrarle explicación. Quisiera haberte podido evitar tanto dolor y desafíos, pero fue la forma que también nos demostraste lo valiente y fuerte que siempre fuiste. La persona más luchadora que he tenido la dicha de conocer.

Tu amor fue tan grande, que incluso ni en tus peores momentos, quisiste asustarnos. Toleraste en silencio para no hacernos sufrir, - cuando los que estábamos a tu alrededor, quien no queríamos que sufrieras eras tú. Eso es amor. Y tú has sido la protagonista de un amor bonito, lleno de ocurrencias que ahora quedan en cada de uno de nosotros. 

Nuestra hermana Marylén - que no le gustaba mucho que la llamaran por su nombre - (siempre prefirió que le dijesen “Ñañi”) - era la chispa de nuestra familia. Nos hacía reír con sus payasadas. Siempre estaba pensando en si alguien necesitaba ayuda y aunque, sin ella quizás tener la solución, eso no la frenaba de buscar la forma de cooperar.  

Su amor te lo hacía saber en esa primera llamada de la mañana. En cualquier ayuda que se necesitara para las invitaciones y las decoraciones de los cumpleaños, o cualquiera otra celebración. Su gusto era exquisito y elegante. Era también, la mejor para aconsejarte cual medicina tomar ante un caso de salud. 

Si le decías que te gustaba algo solo por hacer conversación, ella ya lo tenía ordenado por Internet, y daba seguimiento hasta que lo recibieras. Amaba comprar, lo necesario y lo no necesario. Y disfrutaba todo el proceso. De encontrarlo, de comprarlo y esperarlo. 

En estos días que solo puedo denominarlos bajo el término “procesando”, te quiero honrar por todos los roles que son también, los diferentes espejos en que te despedimos. Hija, hermana, sobrina, prima, madre, esposa, amiga. En todos teniendo el referente común de ser incondicional. 

Quiero que sepas que sigues aquí. Te continuaremos viendo a través de la inocencia de Gabriel. En la mirada de Adrián. En la picardía y ocurrencias de María Fernanda. 

Como mencionado a nuestros niños, nos dejaras saber que estas bien a través de los arcoíris, la luna y las estrellas. Me repito a mí misma como consuelo, que el club de bienvenida por el que fuiste recibida es genuinamente magistral. Y aunque aquí en la tierra quedamos incompletos, quienes estan a tu lado en el camino celestial, son sin duda una compañía insuperable. 

No quiero dejar de expresar unas palabras a tu esposo, Janiery. Eres un gran ejemplo del voto matrimonial de en la salud y en la enfermedad. Gracias por entregarte por completo. Si en algo podemos tener paz, es que fue plenamente feliz a tu lado. Desde el inicio hasta el final.  

A papi y mami, no me dan las palabras para poder aliviar este vacío, pero no puedo dejar de agradecer lo afortunados que somos de haberla tenido. Que todo lo que ella nos deja, sea ahora nuestra fortaleza para seguir. Los amamos y seguiré pidiendo que siempre la puedan sentir con ustedes. 

Una de mis frases favoritas, es la que lee lo especial que son las estrellas fugaces. Aquellas maravillosas luces que pasan rápido, pero mientras están, iluminan todo a su alrededor. 

Ñañi, gracias por ser nuestra espectacular estrella fugaz. Tenerte como hermana ha sido un regalo. Siempre seremos 4. Siempre seremos 6. Te amo por siempre y para siempre. 


sábado, 31 de diciembre de 2022

El más difícil de todos.-


El que más he querido evitar.

El que todavía no puedo procesar. 

En el que nos ha tocado entender y aceptar. 


El más difícil de reconocer que acaba, y que tú te quedas en el. 


Difícil de explicar. Difícil de expresar. Difícil de entender que te seguiremos viendo, sólo que no es en la forma que queremos. 


Difícil escribir sin saber con certeza, que mi oda llega a tu reposo. 


Ojalá poder hacer un rencuentro largo del 2022. Ojalá sus alegrías sumaran más que las tristezas. Ojalá despertar y encontrarle lógica. 


Pero no estoy ahí. Todavía.


Sí espero volver a poder sonreír sin que dentro sienta que me falta el aire. Sí espero el momento en que camine y mi alma esté fortalecida… Y creo firmemente con fe en esa esperanza.


Porque veo esa ilusión en la bondad en la que hemos sido acogidos a nuestro alrededor. Porque es medicina para mi corazón los abrazos de mis hijos. 

Por la magia confinada en los te quiero dichos y recibidos. 


Algún día. En algún momento quizás, pueda que encuentre palabras que hagan más sentido.


Pero si algo me ha dejado el par de dos, es dejar fluir al tiempo. Ir un día a la vez. No por semana, menos por por mes. Y cuando ni el día es predecible, una hora a la vez. Un minuto a la vez. Un ratito a la vez. 


Tan preciso a su numerología el 2022, que fue un claro espejo de lo que puede ser la dualidad de la vida. Mientras sobrepasas oscuridad, la luz brilla desde otra perspectiva e ilumina el camino de tu alrededor. 


Es entonces donde empiezas a tomar en pequeños sorbos, las posibilidades de algo parecido a felicidad. Y con ese gesto de bienestar en otros, abrazas las ganas de caminar hacia adelante. A tu paso, a tu término. Y dejando discurrir el remolino de emociones.


¿Qué espero en el nuevo año? Seguir escalando el trayecto de comprender que el cuerpo es nuestro transporte, no nuestra esencia. Que hay belleza hasta en el duelo, por ser la forma de simbolizar amor ausente. 


Poder continuar sudando mis lágrimas y limpiar con generosidad las de quien lo necesite. 


Deseo seguir encontrando hilos en Twitter que me permiten discernir el pensamiento, o hasta en algunas ocasiones, sentirme representada en testimonios. 


Aspiro a agradecer la mejor de todas las prosperidades. Aquellas que denomino como bendiciones escondidas. Ellas siempre están, es saber encontrarlas.


Mi mejor ejemplo es el 2022 propio. Que dentro su adversidad, trajo el fenómeno 2.22.22. También conocido como “Twosday”, el cual adicional de haber sido un Martes (Tuesday), había sólo acontecido un milenio atrás. Ya más nunca volverá a suceder. Pero resulta ser que tú, quién me lees, y yo, tuvimos la dicha de vivirlo. 


Eso pido y te deseo. Que encuentres luz. Que la paz te agarre de las manos. Y que valores las ganas y salud de estar aquí. 


Te vas y una parte de mi te dejará ir, año complejo. Pero hay otra, la más importante, en que siempre te quedarás conmigo. Porque donde ella estuvo, me aferraré. Hasta la eternidad. 



lunes, 4 de abril de 2022

"Mientras tú creías que yo no estaba mirando, yo vi que: 

Pegaste con un imán mi dibujo al refrigerador, por eso de inmediato quise hacer otro.

Le diste de comer a un gatito sin hogar, entonces entendí que a los animales hay que tratarlos con amor y respeto.

Preparaste mi pastel favorito especialmente para mí, así me di cuenta que los pequeños detalles ocultan mucho sentido.

Fuiste a visitar a tu amigo enfermo, y entonces entendí que las personas deben cuidarse mutuamente.

No niegas la ayuda a los necesitados, y comprendí que si tienes tiempo y dinero, hay que ayudar a aquellos que no lo tienen.

Tratas con mucho cuidado nuestra casa y a todos los que vivimos aquí, y entendí que cada persona debe cuidar lo que tiene y lo que quiere. Incluso cuando te sientes mal, continúas cumpliendo con tus obligaciones, y me di cuenta de lo que significa la responsabilidad.

A veces no pudiste contener las lágrimas, y entendí que en la vida hay tristeza y dolor, y llorar es normal.

Nunca dejas de cuidar de mí, y yo quise cumplir todas tus expectativas y hacer todo lo posible para que te sientas orgulloso de mí.

Mientras tú creías que yo no estaba mirando, aprendía de ti la vida. Tomé tu ejemplo y traté de ser como tú.

En lo más profundo de mi alma estaba un pequeño adulto que se decía a sí mismo: “Queridos padres, gracias por todo lo que he visto mientras creían que yo no estaba mirando.”

Fuente: Naran Xadul 

jueves, 30 de diciembre de 2021

And I choose THEM.

 "All he sees is me.


Not a body.

Not a spider vein.

Not a number on the scale.

Not a belly.

Not a hernia.

Not a stretch mark.

Not a varicose vein.


All he sees is me.


A root of joy.

A familiar voice.

A face of delight.

A landing spot.

A source of sustenance.

A safe place.

A home.


You may see something else.

Sometimes, I do too.


But I get to chose my story.

I get to choose my lens.

I get to choose my narrative.


And I choose his."


 

2021.-

 “Tu cuerpo sanará. Tu mente también lo hará. Tu alma se reparará a sí misma y la felicidad volverá a tu vida. Los tiempos malos vinieron a enseñarte algo, no a quedarse.”

Saludamos el 2021 por primera vez un viernes. Ha sido tan lineal, que el año se despide repitiendo el mismo día que le estrenamos. Me pregunto si está al tanto de lo mucho que fue esperado. De las expectativas tan altas y la ilusión casi forzada que cada ser humano sembró en el año del Buey. 

Si vamos a lo justo, este año tenía la mitad de la batalla ganada por tan solo competir con su precedente. Después de todo, ¿Qué más podría pasar?... Fue asi que el 2021 nos invitó sin avisarnos, a un parque de atracciones. Nos puso el cinturón de seguridad y nos lanzó a lo inesperado. 

Mi primera caída fue en pleno invierno. A raíz de la fuerza viral que controló a muchas familias en su momento. Fue una despedida sin adiós, que hoy en día todavía lucho con asimilar. Surreal es una buena forma de expresarlo si debo de llevarlo a palabras. Triste y algo injusto también. Me queda la dicha que quién ya hoy no está con nosotros, la imagino en buena compañía. En la mejor y más compresible de todas. 

Una vuelta que esperaba con demasiadas ansias fue el inicio de sanar. De tener en nuestras manos un primer paso para dejar atrás el camino incierto que nos tocó vivir en meses anteriores. Particularmente, ha sido un escudo que he recibido en total alegría y agradecimiento. Me ha permitido tener un soplo de respiro y tranquilidad. Creo que nos ha posibilitado a todos en conjunto. A volver a un renovado estado de lo que conocíamos como normal. Nunca igual que antes, pero si dando unos primeros pasos. Hemos vuelto a compartir en persona, a visitar lugares especiales para cada uno, a mayores actividades recreativas. Y hasta en ocasiones dar abrazos tímidos, o algunos muy fuertes con los que soñamos por muchos meses. 

Mi proceso de sanación se extendió a muchos otros aspectos importantes. Desde enfrentar realidades y aceptarlas, para dar paso al cambio. Y si algo puedo ser testimonio, es que cambiar va más allá de transfórmanos. Es una tarea constante, en la que unos días será más fácil. Y otros, necesitarás apoyo. Y ese sentimiento de protección tiene tantas formas de acogernos. Va desde un mensaje, a una llamada, a una consulta de terapia o a un desahogo propio en letras que lo que importa es que hagan sentido para ti. 

Sobre la marcha puedo decir que en la actualidad he aprendido que no vamos nunca a dejar de sanar. Si buscamos, siempre vamos a tener algo que podemos mejorar. Ya sea tu posición laboral, tus metas, tu estado emocional o el vacío que dejan quienes ya no están. Oportunidad para aceptar nuestros fallos la tenemos diariamente. El reto es tener la virtud de enfrentarles y trabajar para vivir hasta sentirnos cómodos. 

Hoy que te digo adiós año saliente, te dejo sobrellevando nuevos retos profesionales a los que añoro seguir sumando logros. Te agradezco el viaje mágico a tierras lejanas donde fuimos bienvenidos por amigos y nuevas culturas, marcando el sueño cumplido de conocer el mayor de los continentes.  

Te vas, con dos ángeles más ganados en el cielo. Este último todavía muy reciente y de las partidas que más temí que llegara durante toda mi vida. La sigo sintiendo en los días de música y en la dulzura de mis hijos. Agradezco tan profundamente que su última fase en la tierra se cruzó con el inicio del caminar de mis dos luceros. Fue suficiente para saber que su nobleza fue plantada en sus corazones. Que con suerte y lo mucho que trataré de inculcarles, ella florecerá nuevamente a través de las nuevas generaciones. Que seguiré mirando al cielo, y viendo todas las estrellas que me guían, me protegen e iluminan mis días oscuros. 

Que fugaz e intermitente te sentiste en ocasiones, 2021. Has sido una época de reinventarnos. De aceptar que no volveremos a la vida de antes. Que el futuro todavía es abstracto. Y que está bien que haya un antes y después de la pandemia. Si algo nos ha enseñado un periodo que se ha hecho tan largo siendo incierto, es que controlamos muy poco. Y lo que tenemos es que agradecer cada momento y esperar entender su propósito con el tiempo. 

Que tenemos que seguir cuidándonos, seguir aplaudiendo las soluciones y mantener las ganas de que cada año será mejor. Tal como 2021 nos demostró. 

Feliz y sano empezar para todos. 

miércoles, 30 de diciembre de 2020

2020.-

Llegamos al momento que tantos han ansiado. Que tanto se ha esperado. Decirle adiós al año más inadvertido que se ha vivido desde hace mucho tiempo.

Yo lo inicié vestida de ilusión. Con la esperanza más pura de todas. La que fue creciendo dentro de mí en el caminar que ya era de tres, y finalmente se convirtió en un techo para cuatro.  

Pero mucho antes de llegar a ese instante cúspide de nuestra historia, todo cambió para todos. Fue al momento en que el invierno le tocaba despedirse para dar paso a un nuevo florecer. Y realmente el intercambio que obtuvimos fue temor. Uno inesperado que ha tomado tiempo entender.

De repente y de golpe nos tocó enfrentar una enfermedad y las muchísimas situaciones fuera de nuestro dominio que trajo con ella. Todo al mismo tiempo. Todo el planeta incierto.

Se tuvo que aprender que el significado de una pandemia se entiende y respeta realmente cuando lo experimentas. Se asimila el poco control que se tiene sobre la vida. Se empieza a aceptar separaciones que anteriormente veíamos como imposible. Hicimos pausas obligatorias que llevaron a que presenciaríamos lo que una vez creíamos absurdo: silencio en calles que solo conocían música y esplendor. Vacío en lugares reconocidos por multitudes constantes. Balance de trabajo y escuela simultáneamente. Llevar la vida desde casa con el contacto virtual como tu mejor aliado social.

Para muchos, este año fue un virus. Y sin duda, es muy difícil encontrar algo bueno en una dolencia que nos ha quitado tanto: libertad de horarios, tiempo, viajes, familiares, amigos, trabajos, oportunidades. Deja en su traspaso despedidas solitarias y adioses por mitad.

Depende de nosotros verlo sólo como un padecimiento de la historia. Yo espero poder recordarle en parte con bondad. Con la generosidad que renació en ayudar al prójimo. Con los días que aplaudimos la valentía del cuerpo médico. Valorando los abrazos dados en el pasado, mientras la ilusión nos acompaña aún más esperando encuentros en el futuro. 

Nos deja con la virtud en la que estamos aprendiendo a cuidarnos unos a otros. Con el regalo de buscar nuevas formas de salvar vidas, y dándonos fuerzas de reconocer que otras están llegando a la frontera celestial. Sabiendo que el dolor en su ausencia probable no sane jamás por completo, pero que los recuerdos y el amor que dejan en su caminar, servirán de pañuelos para limpiar nuestras lágrimas.

Por más oscuros que fueron estos meses, yo tuve un lucero que empezó a latir dentro de mi hasta ya brillar propiamente. Y parecido al son de la canción, hoy tengo tres sonrisas que son luces que seguir en las noches sin luna.

2020. Tan rápido, pero tan lento. Tan sencillo y a la vez complejo. A ti que me lees, te deseo lo más importante por lo cual aprendí a luchar en este tiempo: paz. Que tengas las fuerzas suficientes para que sanen las heridas físicas y emocionales. Que digas te quiero a todos los que quieras. Los de cerca, los de lejos y los que te acompañan en la memoria y corazón.  

Deseo que sigamos dando formas, colores y adornos a nuestras mascarillas, que nos ayuden a valorar que ahora mismo son el accesorio preciso de cualquier atuendo.

Como último, que el nuevo año te reciba con unas ganas de ser feliz y una sonrisa que traspase la mascarilla.  

Que tengas un sano nuevo año.

lunes, 23 de marzo de 2020



Días tristes
Nos cuesta mucho estar muy solos
Buscamos mil maneras de vencer la estupidez


Meses grises
Es tiempo de escondernos
Tal vez sea la forma de encontrarnos otra vez


Pero son las 8 y has salido a aplaudir a tu ventana
Me dan ganas de llorar
Al vernos desde lejos tan unidos
Empujando al mismo sitio
Solo queda un poco más


Volveremos a juntarnos
Volveremos a brindar
Un café queda pendiente en nuestro bar
Romperemos ese metro de distancia entre tú y yo
Ya no habrá una pantalla entre los dos


Ahora es tiempo de pensar y ser pacientes
Confiar más en la gente
Ayudar a los demás



Mientras tanto otros cuidan a los pacientes
Un puñado de valientes
Que hoy tampoco dormirán


Pero son las 8 y has salido a aplaudir a tu ventana
Me dan ganas de llorar
Al vernos desde lejos tan unidos
Empujando al mismo sitio
Solo queda un poco más





Volveremos a juntarnos
Volveremos a brindar
Un café queda pendiente en nuestro bar



Romperemos ese metro de distancia entre tú y yo
Ya no habrá una pantalla entre los dos
Y después de pasar la cuarentena
Habremos hecho puente que unirá
Mi puerta al empezar la primavera
Y la tuya que el verano me traerá



Volveremos a juntarnos
Volveremos a brindar
Un café queda pendiente en nuestro bar
Romperemos ese metro de distancia entre tú y yo
Ya no habrá una pantalla entre los dos




martes, 31 de diciembre de 2019

El año de los challenges


Me es difícil dar forma o definición del 2019. Irónicamente, el año anterior lo despedí agradeciendo porque los episodios de salud tuvieron solución. Advertía a mi alrededor situaciones que no tenían la misma dicha. Por lo menos la que todavía creía que teníamos como familia.

Pero vino enero y con él un invierno que, a pesar de estar en tierras cálidas, fue el inicio de una temporada gris y de poca luz en nuestro camino. Encontrar el trayecto correcto ha sido complejo. Tristemente todavía no llegamos a la meta. El proceso ha sido con desvíos, obstrucciones, paradas obligatorias, indicaciones inconclusas y básicamente un recorrido de dificultades donde no controlamos el tiempo o los diagnósticos y donde solamente queda seguir avanzando. Muchas veces no habido fuerzas o ganas. Y aunque me duele admitirlo y con vergüenza dejarlo por escrito, muchas veces hasta la fe ha sido víctima de cuestionamientos.

Pero fuerza Divina al fin, que no abandona ni cuando nosotros mismos le rechazamos, con el tiempo y el entendimiento de procesar, obtuve el regalo de ver lo bueno dentro de lo malo. Hice mía esta ambición y con cada noticia que esperábamos escuchar lo contrario, yo me enfoqué en buscar lo positivo. Aunque me costara muchas veces.

En donde desde fuera se percibió mudanzas obligatorias, yo vi un techo y unas puertas abiertas para recibirlos. En lo que marcó un final de ciclo educativo, yo vi el inicio de oportunidades de crecimiento y ayuda para un mejor futuro. En los detestables resultados de una diagnosis, yo vi las manos y guías de las mejores instituciones para el tratamiento.

En cada lágrima y pregunta sin respuesta, yo he pedido que lleguemos a la luz y a la salud. Y pido cada día por fuerzas. Que creer que no se puede no sea lo que gane la batalla. Sigo renuente a pensar lo peor. Y seguiré cada día pensando lo mejor y tratando de inculcarlo a mi alrededor hasta que por fin tengamos la dicha de llegar al final del camino victoriosos y libres de dolor.

Lo bueno también fue definido tal como predije en el año anterior y volví donde conocí la felicidad a plenitud. Me reuní con amigos que representan más que la distancia. Brindé por la alegría de otros. Conocí nuevas culturas y lugares. Disfruté escapadas de dos. Visité las nubes y saludé de cerca a la luna y el sol. He disfrutado cada día del amor puro de mi bebé ya no tan bebé.

2019 fue un reto. Desde el #10yearschallenge en el mundo virtual. Hasta los desafíos que como familia enfrentamos. Challenges también en el día a día laboral que, enfrentados con empeño y organización, han traído recompensas y éxitos.

Y vida al fin, que a pesar de sus días nublados en algún momento se escabulla y te sorprende con el sol, el año no lo despido triste. 

Le digo adiós con una reunión familiar preciosa. Con una navidad con todos mis hermanos y sobrinos como hacía años no tenía. Con el inicio de una nueva vida matrimonial. Con el regalo de escuchar la voz de Claudio en una grabación. Con la sabiduría de saber pedir disculpar y perdonar. Con el mejor regalo de cumpleaños que he recibido. Con el deseo que papi y mami vuelvan a sonreír a plenitud. Con las ganas y la determinación de saber que estaremos bien. 

Me despido viendo lo lindo dentro de su geografía rota. Y créanme, que lo hubo.

2020, te espero con esperanzas. Que seas de regocijo y celebración. Que sumes razones para agradecer. Que nos traigas un verano de vida con el que desde ya soñamos.

Felicidades para todos.

lunes, 4 de noviembre de 2019

Noviembre.-


"Parpadeaste y estás en noviembre. Y entre parpadeos y parpadeos crecieron tus hijos, se fueron tus padres, dejaste de ver a amigos.

Parpadeaste y se te pasa la vida entre la puteada y el trabajo y el dinero que no alcanza y los sueños que dejaste encajonados para 'cuando se pueda'. Y mientras parpadeamos sin registrar al otro, nos perdimos un rato de risas, un abrazo, un amor, una caricia y un último te quiero a ese alguien que ya no veremos.

¿Y si dejamos de parpadear un rato?, digo ¿si nos corremos de la velocidad, del automatismo que nos imprime la vida y empezamos a mirar?

Mira a tu hijo mientras hace la tarea, a tu madre mientras dobla la ropa, a tu pareja mientras comen juntos, a tus amigos cuando se juntan.

Gánale alegría al tiempo, que, si va a pasar, si va a arrasarnos, al menos que nos lleve llenos de miradas y sonrisas. Y, sobre todo, que el tiempo nos encuentre celebrando, porque a esos momentos de felicidad yo creo que no se los lleva ni la muerte. Quedan grabados en el espacio infinito, contagiando energía.

Digo yo, que no sé nada, pero que tengo ganas de empezar a mirar..."

Anónimo.-

jueves, 18 de abril de 2019

Lo único que sé

Que si nació hoy, que si nació ayer, Que si nació aquí, que si nació allá. Que si murió a los 33, que si murió a los 36. 

Que cuántos clavos, que cuántos panes y pescados. Que si eran reyes, que si eran magos. Que si tenía hermanos, que si no tenía. Qué dónde está, qué cuando vuelve...

Yo lo único que sé es que...

A mi me tomó de la mano cuando más lo necesitaba. Me enseñó a sonreír y agradecer por las pequeñas cosas.

Me enseñó a llorar con fuerzas y soltar.
Me enseñó a despertarme saludando al sol y a acostarme con la cabeza tranquila.
A caminar muy lento y muy descalzo.
Me enseñó a abrazar a todos y a abrazarme a mi.
Me enseñó mucho. Me enseñó a quererme con ganas. A querer al que tengo al lado y de cuando en cuando a estirarle la mano.

Me enseñó que siempre me está hablando en lo cotidiano, en lo sencillo, a manera de mensajes y que para escucharlo, tengo que tener abierto el corazón.
Me enseñó que un gracias o un perdón lo pueden cambiar todo.
Me enseñó que la fuerza más grande es el amor y que lo contrario al amor es el miedo.
Me enseñó cuanto me ama a través de lo que yo amo a mis hijos.
Me enseñó que los milagros si existen.
Me enseñó que si yo no perdono, soy yo el que se queda prisionero, y para perdonar primero tengo que perdonarme.
Me enseñó que no siempre se recibe bien por bien pero que actúe bien a pesar de todo. Me enseñó a confiar en mi y a levantar la voz frente a la injusticia.
Me enseñó a buscarlo adentro y no afuera.
Me dejó que me aleje, sin enojarse. Que salga a conocer la vida.

A equivocarme y aprender. Y me siguió cuidando y esperando.

Me enseñó que sólo vengo por un tiempo, y solo ocupo un lugar pequeño. Y me pidió que sea feliz y viva en paz, que me esfuerce cada día en ser mejor y en compartir Su luz conociendo mi sombra, que disfrute, que ría, que valore, y que Él SIEMPRE va a estar conmigo.... que aunque dude y tenga miedo, confíe, ya que esa es la fe, confiar en Él a pesar de mi.

Gracias Jesús por tu infinito amor, por estar en mi vida y no irte nunca.

(Anónimo)

lunes, 31 de diciembre de 2018

El año en que vi a (todos) los que quiero


Por lo general, empiezo a pensar en el momento de este escrito mucho antes. Voy haciendo notas de recuerdos y acontecimientos que sobresalen. Ya la forma final la dejo para estas horas. Es mi modo de incluir por completo el calendario anual.

Cuando hoy estuve evaluando las anotaciones, vi un grato factor común que representa dicho ciclo: ha sido el año en que vi a todos los que quiero. Desde sus primeras horas iniciaron los recuentros y con ellos, noticias que te suman el amor que sientes, por conllevar que recibirás nuevas vidas. 

Continuaron en la misma escala, agradeciendo por nuestros respiros con amistades que son más bien familia.

Con la primavera, vino la reunión más esperada. Aquella que tomó lugar en la isla que une nuestra historia y donde reconectamos como familia. Formalmente coincidieron las seis luces que hacen brillar nuestra generación futura. Dentro de lo mucho, di prioridad a agradecer y disfrutar lo tanto que tenemos, que va desde tocar tierra y ver el mar más hermoso de todos; a poder abrazar a quienes tanto esperaba desde que me despedí en mi estadía anterior.

Y como dije previamente, fue el año en que vi a todos los que quiero. Esto implica hasta los casos más difíciles. Pero mi dicha es tan grande que algunos reencuentros fueron en sueños y en su corto lapso se sintieron reales y fueron apreciados. Me dejaron con más fuerza para combatir el vacío que cada ser querido deja al partir, recordándome que siempre estarán contigo si te permites honrarlos con las memorias. Por eso tengo a un abuelo que diariamente desde un rincón de mi hogar me sonreí puramente para acordarme que tras las tempestades llegará la esperada calma, y a lo mejor un buen abrazo.

Los encuentros siguieron multiplicándose con más visitas, viajes al Pacifico y expediciones más al Sur.

Ha sido un año muy especial. De crecimiento en muchos aspectos. Como equipo, nos colocamos variadas metas. Gran parte fueron (orgullosamente) cumplidas antes de lo esperado. La satisfacción que nos dejaron amerita que sean parte de la recapitulación. Nos recrearon paz y nos motivaron aún más a seguir con fe por el camino del esfuerzo. Las recompensas recibidas varían desde un reflejo propio de mayor aceptación y gratitud, a un estado mental de tranquilidad por saldar etapas que forjaron nuestro camino.

Sin duda, las compensaciones continúan con el sol que ilumina nuestros días. Verlo crecer me ha permitido llorar, reír, enorgullecerme y amar como solo un hijo puede lograr. Gracias doy al 2018 por ser la parcela en la que fuimos testigos y disfrutamos cuando descubrió moverse, dar sus primeros pasos y enunciar el mejor título que me pueden otorgar.

Fue un año de muchos abrazos, de muchos intercambios de fotos y de listados de canciones infantiles como centro de nuestras vidas. De menos horas dormidas y más despertares llenos de alegrías. De disfrutar de los sobrinos en su faceta de primos. De conocer a Alexa y aceptar su ayuda dando el ejemplo de que un por favor y gracias hacen la diferencia. 

Un tiempo en el que los episodios de salud tuvieron solución, sin descartar que a nuestro alrededor no necesariamente ha sido así. Advertirlo lo suficientemente cerca, que te recuerdan una vez más el ligero equipaje que conlleva vivir.

Pido por más ganas, por más vida, más oportunidades, más abrazos. Pero más que nada, por trabajar en salud y guía celestial para saber ver lo bonito en cada amanecer.  

Voy por un nuevo año que previene las probabilidades de nuevos recuentros destacando algunos muy especiales. Quizás hasta sea la continuación de no solo ver a todos los que quiero… capaz que también sea en el que vuelva a todos los lugares que anhelo. 

Que sus días me regalen las notas que me permitirán escribirlo mientras lo vivo.

2019, nos vemos al rato.

¡Felicidades!

lunes, 17 de septiembre de 2018

Ayer soñé contigo.

Ayer soñé contigo. De esos sueños que sientes real. De los que quisiera que duraran más. Como su estado en sí se caracteriza, la dimensión de tiempo y espacio no era precisa… por lo menos no lo que recuerdo.

Pero mejor me enfoco con lo que he logrado quedarme. La perspectiva era al aire libre y en un paisaje verde. Que mi edad y momento se sentía en presente. Sin embargo, tú te referías a ella como si fuera antes. Como si se tratase de una década atrás, donde mi vida de estudiante secundaria estuviera finalizando, y apenas la fase universitaria fuera a tomar camino.  

Quizás era un evento para recaudar fondos. Ese fue mi sentir en el mágico reposo. Y claro, tú fuiste eje para llamar el interés de los presentes. De repente, tu popular presencia fue promovida y por un precio que realmente no le importó a mi memoria, te quedabas un rato paseando y disfrutando de la actividad recreativa con los afortunados.

Ahí inició mi protagonismo en la quimera del subconsciente. Me adueñé de ese fortuito turno. Una y otra vez. Sin pena ni vergüenza. Me desprendía del costo como si no tuviera valor, porque su beneficio era para mí más allá del precio monetario. Era estar contigo.

Te abrazaba, me reía contigo. Escuché tu voz. Tú irradiabas una alegría pura. Te veías feliz.

Quisiera decir que recuerdo la conversación. Que logré decirte todo lo que siempre quiero y al momento no puedo. Mi corazón quiere creer que sí. Que te conté de lo maravilloso que es tener la luz de tantos niños en la familia. Que mi vida ahora camina a través de los dos luceros de mi hijo. Que estamos bien y hemos aprendido a extrañarte en silencio para ayudarnos unos a otros con el duelo.

Se acababa el tiempo y te decía “No te vayas”. Muchas veces y amarrando tu mano con la mía. Quedaba tanto que te quería compartir. Tanto que quería seguir captando para ayudarme a no olvidar. Porque ese el temor con el pasar de los años: no queremos olvidar los detalles y la vida misma nos desafía.

Tú me mirabas sin entender. Fue así, que en medio del momento surreal de mis pensamientos, que entendí que me hablaste sin palabras. Que me hiciste recordar que no te has ido. Que vives en que cada momento en que te pensamos. Que nos alivia pensar tu éxito, tus aventuras vividas, las risas compartidas.

Me levanté de repente. Asustada y triste de que la realidad me retomó a tu despedida cruel. Pero volví a cerrar los ojos, y abrazada del consuelo, agradecí nuestro encuentro.

Me quedo con la paz que me dejaste a través de tu mirada. Lo escribo para tenerlo palpable por siempre. Para cuando los días grises se avecinen, pueda recurrir al día que alegraste mis sueños.

Hasta que nos volvamos a encontrar.


Bienvenido a mi burbuja ¿Traes contigo una aguja?