lunes, 4 de abril de 2022

"Mientras tú creías que yo no estaba mirando, yo vi que: 

Pegaste con un imán mi dibujo al refrigerador, por eso de inmediato quise hacer otro.

Le diste de comer a un gatito sin hogar, entonces entendí que a los animales hay que tratarlos con amor y respeto.

Preparaste mi pastel favorito especialmente para mí, así me di cuenta que los pequeños detalles ocultan mucho sentido.

Fuiste a visitar a tu amigo enfermo, y entonces entendí que las personas deben cuidarse mutuamente.

No niegas la ayuda a los necesitados, y comprendí que si tienes tiempo y dinero, hay que ayudar a aquellos que no lo tienen.

Tratas con mucho cuidado nuestra casa y a todos los que vivimos aquí, y entendí que cada persona debe cuidar lo que tiene y lo que quiere. Incluso cuando te sientes mal, continúas cumpliendo con tus obligaciones, y me di cuenta de lo que significa la responsabilidad.

A veces no pudiste contener las lágrimas, y entendí que en la vida hay tristeza y dolor, y llorar es normal.

Nunca dejas de cuidar de mí, y yo quise cumplir todas tus expectativas y hacer todo lo posible para que te sientas orgulloso de mí.

Mientras tú creías que yo no estaba mirando, aprendía de ti la vida. Tomé tu ejemplo y traté de ser como tú.

En lo más profundo de mi alma estaba un pequeño adulto que se decía a sí mismo: “Queridos padres, gracias por todo lo que he visto mientras creían que yo no estaba mirando.”

Fuente: Naran Xadul 

jueves, 30 de diciembre de 2021

And I choose THEM.

 "All he sees is me.


Not a body.

Not a spider vein.

Not a number on the scale.

Not a belly.

Not a hernia.

Not a stretch mark.

Not a varicose vein.


All he sees is me.


A root of joy.

A familiar voice.

A face of delight.

A landing spot.

A source of sustenance.

A safe place.

A home.


You may see something else.

Sometimes, I do too.


But I get to chose my story.

I get to choose my lens.

I get to choose my narrative.


And I choose his."


 

2021.-

 “Tu cuerpo sanará. Tu mente también lo hará. Tu alma se reparará a sí misma y la felicidad volverá a tu vida. Los tiempos malos vinieron a enseñarte algo, no a quedarse.”

Saludamos el 2021 por primera vez un viernes. Ha sido tan lineal, que el año se despide repitiendo el mismo día que le estrenamos. Me pregunto si está al tanto de lo mucho que fue esperado. De las expectativas tan altas y la ilusión casi forzada que cada ser humano sembró en el año del Buey. 

Si vamos a lo justo, este año tenía la mitad de la batalla ganada por tan solo competir con su precedente. Después de todo, ¿Qué más podría pasar?... Fue asi que el 2021 nos invitó sin avisarnos, a un parque de atracciones. Nos puso el cinturón de seguridad y nos lanzó a lo inesperado. 

Mi primera caída fue en pleno invierno. A raíz de la fuerza viral que controló a muchas familias en su momento. Fue una despedida sin adiós, que hoy en día todavía lucho con asimilar. Surreal es una buena forma de expresarlo si debo de llevarlo a palabras. Triste y algo injusto también. Me queda la dicha que quién ya hoy no está con nosotros, la imagino en buena compañía. En la mejor y más compresible de todas. 

Una vuelta que esperaba con demasiadas ansias fue el inicio de sanar. De tener en nuestras manos un primer paso para dejar atrás el camino incierto que nos tocó vivir en meses anteriores. Particularmente, ha sido un escudo que he recibido en total alegría y agradecimiento. Me ha permitido tener un soplo de respiro y tranquilidad. Creo que nos ha posibilitado a todos en conjunto. A volver a un renovado estado de lo que conocíamos como normal. Nunca igual que antes, pero si dando unos primeros pasos. Hemos vuelto a compartir en persona, a visitar lugares especiales para cada uno, a mayores actividades recreativas. Y hasta en ocasiones dar abrazos tímidos, o algunos muy fuertes con los que soñamos por muchos meses. 

Mi proceso de sanación se extendió a muchos otros aspectos importantes. Desde enfrentar realidades y aceptarlas, para dar paso al cambio. Y si algo puedo ser testimonio, es que cambiar va más allá de transfórmanos. Es una tarea constante, en la que unos días será más fácil. Y otros, necesitarás apoyo. Y ese sentimiento de protección tiene tantas formas de acogernos. Va desde un mensaje, a una llamada, a una consulta de terapia o a un desahogo propio en letras que lo que importa es que hagan sentido para ti. 

Sobre la marcha puedo decir que en la actualidad he aprendido que no vamos nunca a dejar de sanar. Si buscamos, siempre vamos a tener algo que podemos mejorar. Ya sea tu posición laboral, tus metas, tu estado emocional o el vacío que dejan quienes ya no están. Oportunidad para aceptar nuestros fallos la tenemos diariamente. El reto es tener la virtud de enfrentarles y trabajar para vivir hasta sentirnos cómodos. 

Hoy que te digo adiós año saliente, te dejo sobrellevando nuevos retos profesionales a los que añoro seguir sumando logros. Te agradezco el viaje mágico a tierras lejanas donde fuimos bienvenidos por amigos y nuevas culturas, marcando el sueño cumplido de conocer el mayor de los continentes.  

Te vas, con dos ángeles más ganados en el cielo. Este último todavía muy reciente y de las partidas que más temí que llegara durante toda mi vida. La sigo sintiendo en los días de música y en la dulzura de mis hijos. Agradezco tan profundamente que su última fase en la tierra se cruzó con el inicio del caminar de mis dos luceros. Fue suficiente para saber que su nobleza fue plantada en sus corazones. Que con suerte y lo mucho que trataré de inculcarles, ella florecerá nuevamente a través de las nuevas generaciones. Que seguiré mirando al cielo, y viendo todas las estrellas que me guían, me protegen e iluminan mis días oscuros. 

Que fugaz e intermitente te sentiste en ocasiones, 2021. Has sido una época de reinventarnos. De aceptar que no volveremos a la vida de antes. Que el futuro todavía es abstracto. Y que está bien que haya un antes y después de la pandemia. Si algo nos ha enseñado un periodo que se ha hecho tan largo siendo incierto, es que controlamos muy poco. Y lo que tenemos es que agradecer cada momento y esperar entender su propósito con el tiempo. 

Que tenemos que seguir cuidándonos, seguir aplaudiendo las soluciones y mantener las ganas de que cada año será mejor. Tal como 2021 nos demostró. 

Feliz y sano empezar para todos. 

miércoles, 30 de diciembre de 2020

2020.-

Llegamos al momento que tantos han ansiado. Que tanto se ha esperado. Decirle adiós al año más inadvertido que se ha vivido desde hace mucho tiempo.

Yo lo inicié vestida de ilusión. Con la esperanza más pura de todas. La que fue creciendo dentro de mí en el caminar que ya era de tres, y finalmente se convirtió en un techo para cuatro.  

Pero mucho antes de llegar a ese instante cúspide de nuestra historia, todo cambió para todos. Fue al momento en que el invierno le tocaba despedirse para dar paso a un nuevo florecer. Y realmente el intercambio que obtuvimos fue temor. Uno inesperado que ha tomado tiempo entender.

De repente y de golpe nos tocó enfrentar una enfermedad y las muchísimas situaciones fuera de nuestro dominio que trajo con ella. Todo al mismo tiempo. Todo el planeta incierto.

Se tuvo que aprender que el significado de una pandemia se entiende y respeta realmente cuando lo experimentas. Se asimila el poco control que se tiene sobre la vida. Se empieza a aceptar separaciones que anteriormente veíamos como imposible. Hicimos pausas obligatorias que llevaron a que presenciaríamos lo que una vez creíamos absurdo: silencio en calles que solo conocían música y esplendor. Vacío en lugares reconocidos por multitudes constantes. Balance de trabajo y escuela simultáneamente. Llevar la vida desde casa con el contacto virtual como tu mejor aliado social.

Para muchos, este año fue un virus. Y sin duda, es muy difícil encontrar algo bueno en una dolencia que nos ha quitado tanto: libertad de horarios, tiempo, viajes, familiares, amigos, trabajos, oportunidades. Deja en su traspaso despedidas solitarias y adioses por mitad.

Depende de nosotros verlo sólo como un padecimiento de la historia. Yo espero poder recordarle en parte con bondad. Con la generosidad que renació en ayudar al prójimo. Con los días que aplaudimos la valentía del cuerpo médico. Valorando los abrazos dados en el pasado, mientras la ilusión nos acompaña aún más esperando encuentros en el futuro. 

Nos deja con la virtud en la que estamos aprendiendo a cuidarnos unos a otros. Con el regalo de buscar nuevas formas de salvar vidas, y dándonos fuerzas de reconocer que otras están llegando a la frontera celestial. Sabiendo que el dolor en su ausencia probable no sane jamás por completo, pero que los recuerdos y el amor que dejan en su caminar, servirán de pañuelos para limpiar nuestras lágrimas.

Por más oscuros que fueron estos meses, yo tuve un lucero que empezó a latir dentro de mi hasta ya brillar propiamente. Y parecido al son de la canción, hoy tengo tres sonrisas que son luces que seguir en las noches sin luna.

2020. Tan rápido, pero tan lento. Tan sencillo y a la vez complejo. A ti que me lees, te deseo lo más importante por lo cual aprendí a luchar en este tiempo: paz. Que tengas las fuerzas suficientes para que sanen las heridas físicas y emocionales. Que digas te quiero a todos los que quieras. Los de cerca, los de lejos y los que te acompañan en la memoria y corazón.  

Deseo que sigamos dando formas, colores y adornos a nuestras mascarillas, que nos ayuden a valorar que ahora mismo son el accesorio preciso de cualquier atuendo.

Como último, que el nuevo año te reciba con unas ganas de ser feliz y una sonrisa que traspase la mascarilla.  

Que tengas un sano nuevo año.

lunes, 23 de marzo de 2020



Días tristes
Nos cuesta mucho estar muy solos
Buscamos mil maneras de vencer la estupidez


Meses grises
Es tiempo de escondernos
Tal vez sea la forma de encontrarnos otra vez


Pero son las 8 y has salido a aplaudir a tu ventana
Me dan ganas de llorar
Al vernos desde lejos tan unidos
Empujando al mismo sitio
Solo queda un poco más


Volveremos a juntarnos
Volveremos a brindar
Un café queda pendiente en nuestro bar
Romperemos ese metro de distancia entre tú y yo
Ya no habrá una pantalla entre los dos


Ahora es tiempo de pensar y ser pacientes
Confiar más en la gente
Ayudar a los demás



Mientras tanto otros cuidan a los pacientes
Un puñado de valientes
Que hoy tampoco dormirán


Pero son las 8 y has salido a aplaudir a tu ventana
Me dan ganas de llorar
Al vernos desde lejos tan unidos
Empujando al mismo sitio
Solo queda un poco más





Volveremos a juntarnos
Volveremos a brindar
Un café queda pendiente en nuestro bar



Romperemos ese metro de distancia entre tú y yo
Ya no habrá una pantalla entre los dos
Y después de pasar la cuarentena
Habremos hecho puente que unirá
Mi puerta al empezar la primavera
Y la tuya que el verano me traerá



Volveremos a juntarnos
Volveremos a brindar
Un café queda pendiente en nuestro bar
Romperemos ese metro de distancia entre tú y yo
Ya no habrá una pantalla entre los dos




martes, 31 de diciembre de 2019

El año de los challenges


Me es difícil dar forma o definición del 2019. Irónicamente, el año anterior lo despedí agradeciendo porque los episodios de salud tuvieron solución. Advertía a mi alrededor situaciones que no tenían la misma dicha. Por lo menos la que todavía creía que teníamos como familia.

Pero vino enero y con él un invierno que, a pesar de estar en tierras cálidas, fue el inicio de una temporada gris y de poca luz en nuestro camino. Encontrar el trayecto correcto ha sido complejo. Tristemente todavía no llegamos a la meta. El proceso ha sido con desvíos, obstrucciones, paradas obligatorias, indicaciones inconclusas y básicamente un recorrido de dificultades donde no controlamos el tiempo o los diagnósticos y donde solamente queda seguir avanzando. Muchas veces no habido fuerzas o ganas. Y aunque me duele admitirlo y con vergüenza dejarlo por escrito, muchas veces hasta la fe ha sido víctima de cuestionamientos.

Pero fuerza Divina al fin, que no abandona ni cuando nosotros mismos le rechazamos, con el tiempo y el entendimiento de procesar, obtuve el regalo de ver lo bueno dentro de lo malo. Hice mía esta ambición y con cada noticia que esperábamos escuchar lo contrario, yo me enfoqué en buscar lo positivo. Aunque me costara muchas veces.

En donde desde fuera se percibió mudanzas obligatorias, yo vi un techo y unas puertas abiertas para recibirlos. En lo que marcó un final de ciclo educativo, yo vi el inicio de oportunidades de crecimiento y ayuda para un mejor futuro. En los detestables resultados de una diagnosis, yo vi las manos y guías de las mejores instituciones para el tratamiento.

En cada lágrima y pregunta sin respuesta, yo he pedido que lleguemos a la luz y a la salud. Y pido cada día por fuerzas. Que creer que no se puede no sea lo que gane la batalla. Sigo renuente a pensar lo peor. Y seguiré cada día pensando lo mejor y tratando de inculcarlo a mi alrededor hasta que por fin tengamos la dicha de llegar al final del camino victoriosos y libres de dolor.

Lo bueno también fue definido tal como predije en el año anterior y volví donde conocí la felicidad a plenitud. Me reuní con amigos que representan más que la distancia. Brindé por la alegría de otros. Conocí nuevas culturas y lugares. Disfruté escapadas de dos. Visité las nubes y saludé de cerca a la luna y el sol. He disfrutado cada día del amor puro de mi bebé ya no tan bebé.

2019 fue un reto. Desde el #10yearschallenge en el mundo virtual. Hasta los desafíos que como familia enfrentamos. Challenges también en el día a día laboral que, enfrentados con empeño y organización, han traído recompensas y éxitos.

Y vida al fin, que a pesar de sus días nublados en algún momento se escabulla y te sorprende con el sol, el año no lo despido triste. 

Le digo adiós con una reunión familiar preciosa. Con una navidad con todos mis hermanos y sobrinos como hacía años no tenía. Con el inicio de una nueva vida matrimonial. Con el regalo de escuchar la voz de Claudio en una grabación. Con la sabiduría de saber pedir disculpar y perdonar. Con el mejor regalo de cumpleaños que he recibido. Con el deseo que papi y mami vuelvan a sonreír a plenitud. Con las ganas y la determinación de saber que estaremos bien. 

Me despido viendo lo lindo dentro de su geografía rota. Y créanme, que lo hubo.

2020, te espero con esperanzas. Que seas de regocijo y celebración. Que sumes razones para agradecer. Que nos traigas un verano de vida con el que desde ya soñamos.

Felicidades para todos.

lunes, 4 de noviembre de 2019

Noviembre.-


"Parpadeaste y estás en noviembre. Y entre parpadeos y parpadeos crecieron tus hijos, se fueron tus padres, dejaste de ver a amigos.

Parpadeaste y se te pasa la vida entre la puteada y el trabajo y el dinero que no alcanza y los sueños que dejaste encajonados para 'cuando se pueda'. Y mientras parpadeamos sin registrar al otro, nos perdimos un rato de risas, un abrazo, un amor, una caricia y un último te quiero a ese alguien que ya no veremos.

¿Y si dejamos de parpadear un rato?, digo ¿si nos corremos de la velocidad, del automatismo que nos imprime la vida y empezamos a mirar?

Mira a tu hijo mientras hace la tarea, a tu madre mientras dobla la ropa, a tu pareja mientras comen juntos, a tus amigos cuando se juntan.

Gánale alegría al tiempo, que, si va a pasar, si va a arrasarnos, al menos que nos lleve llenos de miradas y sonrisas. Y, sobre todo, que el tiempo nos encuentre celebrando, porque a esos momentos de felicidad yo creo que no se los lleva ni la muerte. Quedan grabados en el espacio infinito, contagiando energía.

Digo yo, que no sé nada, pero que tengo ganas de empezar a mirar..."

Anónimo.-

Bienvenido a mi burbuja ¿Traes contigo una aguja?