lunes, 23 de marzo de 2020



Días tristes
Nos cuesta mucho estar muy solos
Buscamos mil maneras de vencer la estupidez


Meses grises
Es tiempo de escondernos
Tal vez sea la forma de encontrarnos otra vez


Pero son las 8 y has salido a aplaudir a tu ventana
Me dan ganas de llorar
Al vernos desde lejos tan unidos
Empujando al mismo sitio
Solo queda un poco más


Volveremos a juntarnos
Volveremos a brindar
Un café queda pendiente en nuestro bar
Romperemos ese metro de distancia entre tú y yo
Ya no habrá una pantalla entre los dos


Ahora es tiempo de pensar y ser pacientes
Confiar más en la gente
Ayudar a los demás



Mientras tanto otros cuidan a los pacientes
Un puñado de valientes
Que hoy tampoco dormirán


Pero son las 8 y has salido a aplaudir a tu ventana
Me dan ganas de llorar
Al vernos desde lejos tan unidos
Empujando al mismo sitio
Solo queda un poco más





Volveremos a juntarnos
Volveremos a brindar
Un café queda pendiente en nuestro bar



Romperemos ese metro de distancia entre tú y yo
Ya no habrá una pantalla entre los dos
Y después de pasar la cuarentena
Habremos hecho puente que unirá
Mi puerta al empezar la primavera
Y la tuya que el verano me traerá



Volveremos a juntarnos
Volveremos a brindar
Un café queda pendiente en nuestro bar
Romperemos ese metro de distancia entre tú y yo
Ya no habrá una pantalla entre los dos




martes, 31 de diciembre de 2019

El año de los challenges


Me es difícil dar forma o definición del 2019. Irónicamente, el año anterior lo despedí agradeciendo porque los episodios de salud tuvieron solución. Advertía a mi alrededor situaciones que no tenían la misma dicha. Por lo menos la que todavía creía que teníamos como familia.

Pero vino enero y con él un invierno que, a pesar de estar en tierras cálidas, fue el inicio de una temporada gris y de poca luz en nuestro camino. Encontrar el trayecto correcto ha sido complejo. Tristemente todavía no llegamos a la meta. El proceso ha sido con desvíos, obstrucciones, paradas obligatorias, indicaciones inconclusas y básicamente un recorrido de dificultades donde no controlamos el tiempo o los diagnósticos y donde solamente queda seguir avanzando. Muchas veces no habido fuerzas o ganas. Y aunque me duele admitirlo y con vergüenza dejarlo por escrito, muchas veces hasta la fe ha sido víctima de cuestionamientos.

Pero fuerza Divina al fin, que no abandona ni cuando nosotros mismos le rechazamos, con el tiempo y el entendimiento de procesar, obtuve el regalo de ver lo bueno dentro de lo malo. Hice mía esta ambición y con cada noticia que esperábamos escuchar lo contrario, yo me enfoqué en buscar lo positivo. Aunque me costara muchas veces.

En donde desde fuera se percibió mudanzas obligatorias, yo vi un techo y unas puertas abiertas para recibirlos. En lo que marcó un final de ciclo educativo, yo vi el inicio de oportunidades de crecimiento y ayuda para un mejor futuro. En los detestables resultados de una diagnosis, yo vi las manos y guías de las mejores instituciones para el tratamiento.

En cada lágrima y pregunta sin respuesta, yo he pedido que lleguemos a la luz y a la salud. Y pido cada día por fuerzas. Que creer que no se puede no sea lo que gane la batalla. Sigo renuente a pensar lo peor. Y seguiré cada día pensando lo mejor y tratando de inculcarlo a mi alrededor hasta que por fin tengamos la dicha de llegar al final del camino victoriosos y libres de dolor.

Lo bueno también fue definido tal como predije en el año anterior y volví donde conocí la felicidad a plenitud. Me reuní con amigos que representan más que la distancia. Brindé por la alegría de otros. Conocí nuevas culturas y lugares. Disfruté escapadas de dos. Visité las nubes y saludé de cerca a la luna y el sol. He disfrutado cada día del amor puro de mi bebé ya no tan bebé.

2019 fue un reto. Desde el #10yearschallenge en el mundo virtual. Hasta los desafíos que como familia enfrentamos. Challenges también en el día a día laboral que, enfrentados con empeño y organización, han traído recompensas y éxitos.

Y vida al fin, que a pesar de sus días nublados en algún momento se escabulla y te sorprende con el sol, el año no lo despido triste. 

Le digo adiós con una reunión familiar preciosa. Con una navidad con todos mis hermanos y sobrinos como hacía años no tenía. Con el inicio de una nueva vida matrimonial. Con el regalo de escuchar la voz de Claudio en una grabación. Con la sabiduría de saber pedir disculpar y perdonar. Con el mejor regalo de cumpleaños que he recibido. Con el deseo que papi y mami vuelvan a sonreír a plenitud. Con las ganas y la determinación de saber que estaremos bien. 

Me despido viendo lo lindo dentro de su geografía rota. Y créanme, que lo hubo.

2020, te espero con esperanzas. Que seas de regocijo y celebración. Que sumes razones para agradecer. Que nos traigas un verano de vida con el que desde ya soñamos.

Felicidades para todos.

lunes, 4 de noviembre de 2019

Noviembre.-


"Parpadeaste y estás en noviembre. Y entre parpadeos y parpadeos crecieron tus hijos, se fueron tus padres, dejaste de ver a amigos.

Parpadeaste y se te pasa la vida entre la puteada y el trabajo y el dinero que no alcanza y los sueños que dejaste encajonados para 'cuando se pueda'. Y mientras parpadeamos sin registrar al otro, nos perdimos un rato de risas, un abrazo, un amor, una caricia y un último te quiero a ese alguien que ya no veremos.

¿Y si dejamos de parpadear un rato?, digo ¿si nos corremos de la velocidad, del automatismo que nos imprime la vida y empezamos a mirar?

Mira a tu hijo mientras hace la tarea, a tu madre mientras dobla la ropa, a tu pareja mientras comen juntos, a tus amigos cuando se juntan.

Gánale alegría al tiempo, que, si va a pasar, si va a arrasarnos, al menos que nos lleve llenos de miradas y sonrisas. Y, sobre todo, que el tiempo nos encuentre celebrando, porque a esos momentos de felicidad yo creo que no se los lleva ni la muerte. Quedan grabados en el espacio infinito, contagiando energía.

Digo yo, que no sé nada, pero que tengo ganas de empezar a mirar..."

Anónimo.-

jueves, 18 de abril de 2019

Lo único que sé

Que si nació hoy, que si nació ayer, Que si nació aquí, que si nació allá. Que si murió a los 33, que si murió a los 36. 

Que cuántos clavos, que cuántos panes y pescados. Que si eran reyes, que si eran magos. Que si tenía hermanos, que si no tenía. Qué dónde está, qué cuando vuelve...

Yo lo único que sé es que...

A mi me tomó de la mano cuando más lo necesitaba. Me enseñó a sonreír y agradecer por las pequeñas cosas.

Me enseñó a llorar con fuerzas y soltar.
Me enseñó a despertarme saludando al sol y a acostarme con la cabeza tranquila.
A caminar muy lento y muy descalzo.
Me enseñó a abrazar a todos y a abrazarme a mi.
Me enseñó mucho. Me enseñó a quererme con ganas. A querer al que tengo al lado y de cuando en cuando a estirarle la mano.

Me enseñó que siempre me está hablando en lo cotidiano, en lo sencillo, a manera de mensajes y que para escucharlo, tengo que tener abierto el corazón.
Me enseñó que un gracias o un perdón lo pueden cambiar todo.
Me enseñó que la fuerza más grande es el amor y que lo contrario al amor es el miedo.
Me enseñó cuanto me ama a través de lo que yo amo a mis hijos.
Me enseñó que los milagros si existen.
Me enseñó que si yo no perdono, soy yo el que se queda prisionero, y para perdonar primero tengo que perdonarme.
Me enseñó que no siempre se recibe bien por bien pero que actúe bien a pesar de todo. Me enseñó a confiar en mi y a levantar la voz frente a la injusticia.
Me enseñó a buscarlo adentro y no afuera.
Me dejó que me aleje, sin enojarse. Que salga a conocer la vida.

A equivocarme y aprender. Y me siguió cuidando y esperando.

Me enseñó que sólo vengo por un tiempo, y solo ocupo un lugar pequeño. Y me pidió que sea feliz y viva en paz, que me esfuerce cada día en ser mejor y en compartir Su luz conociendo mi sombra, que disfrute, que ría, que valore, y que Él SIEMPRE va a estar conmigo.... que aunque dude y tenga miedo, confíe, ya que esa es la fe, confiar en Él a pesar de mi.

Gracias Jesús por tu infinito amor, por estar en mi vida y no irte nunca.

(Anónimo)

lunes, 31 de diciembre de 2018

El año en que vi a (todos) los que quiero


Por lo general, empiezo a pensar en el momento de este escrito mucho antes. Voy haciendo notas de recuerdos y acontecimientos que sobresalen. Ya la forma final la dejo para estas horas. Es mi modo de incluir por completo el calendario anual.

Cuando hoy estuve evaluando las anotaciones, vi un grato factor común que representa dicho ciclo: ha sido el año en que vi a todos los que quiero. Desde sus primeras horas iniciaron los recuentros y con ellos, noticias que te suman el amor que sientes, por conllevar que recibirás nuevas vidas. 

Continuaron en la misma escala, agradeciendo por nuestros respiros con amistades que son más bien familia.

Con la primavera, vino la reunión más esperada. Aquella que tomó lugar en la isla que une nuestra historia y donde reconectamos como familia. Formalmente coincidieron las seis luces que hacen brillar nuestra generación futura. Dentro de lo mucho, di prioridad a agradecer y disfrutar lo tanto que tenemos, que va desde tocar tierra y ver el mar más hermoso de todos; a poder abrazar a quienes tanto esperaba desde que me despedí en mi estadía anterior.

Y como dije previamente, fue el año en que vi a todos los que quiero. Esto implica hasta los casos más difíciles. Pero mi dicha es tan grande que algunos reencuentros fueron en sueños y en su corto lapso se sintieron reales y fueron apreciados. Me dejaron con más fuerza para combatir el vacío que cada ser querido deja al partir, recordándome que siempre estarán contigo si te permites honrarlos con las memorias. Por eso tengo a un abuelo que diariamente desde un rincón de mi hogar me sonreí puramente para acordarme que tras las tempestades llegará la esperada calma, y a lo mejor un buen abrazo.

Los encuentros siguieron multiplicándose con más visitas, viajes al Pacifico y expediciones más al Sur.

Ha sido un año muy especial. De crecimiento en muchos aspectos. Como equipo, nos colocamos variadas metas. Gran parte fueron (orgullosamente) cumplidas antes de lo esperado. La satisfacción que nos dejaron amerita que sean parte de la recapitulación. Nos recrearon paz y nos motivaron aún más a seguir con fe por el camino del esfuerzo. Las recompensas recibidas varían desde un reflejo propio de mayor aceptación y gratitud, a un estado mental de tranquilidad por saldar etapas que forjaron nuestro camino.

Sin duda, las compensaciones continúan con el sol que ilumina nuestros días. Verlo crecer me ha permitido llorar, reír, enorgullecerme y amar como solo un hijo puede lograr. Gracias doy al 2018 por ser la parcela en la que fuimos testigos y disfrutamos cuando descubrió moverse, dar sus primeros pasos y enunciar el mejor título que me pueden otorgar.

Fue un año de muchos abrazos, de muchos intercambios de fotos y de listados de canciones infantiles como centro de nuestras vidas. De menos horas dormidas y más despertares llenos de alegrías. De disfrutar de los sobrinos en su faceta de primos. De conocer a Alexa y aceptar su ayuda dando el ejemplo de que un por favor y gracias hacen la diferencia. 

Un tiempo en el que los episodios de salud tuvieron solución, sin descartar que a nuestro alrededor no necesariamente ha sido así. Advertirlo lo suficientemente cerca, que te recuerdan una vez más el ligero equipaje que conlleva vivir.

Pido por más ganas, por más vida, más oportunidades, más abrazos. Pero más que nada, por trabajar en salud y guía celestial para saber ver lo bonito en cada amanecer.  

Voy por un nuevo año que previene las probabilidades de nuevos recuentros destacando algunos muy especiales. Quizás hasta sea la continuación de no solo ver a todos los que quiero… capaz que también sea en el que vuelva a todos los lugares que anhelo. 

Que sus días me regalen las notas que me permitirán escribirlo mientras lo vivo.

2019, nos vemos al rato.

¡Felicidades!

lunes, 17 de septiembre de 2018

Ayer soñé contigo.

Ayer soñé contigo. De esos sueños que sientes real. De los que quisiera que duraran más. Como su estado en sí se caracteriza, la dimensión de tiempo y espacio no era precisa… por lo menos no lo que recuerdo.

Pero mejor me enfoco con lo que he logrado quedarme. La perspectiva era al aire libre y en un paisaje verde. Que mi edad y momento se sentía en presente. Sin embargo, tú te referías a ella como si fuera antes. Como si se tratase de una década atrás, donde mi vida de estudiante secundaria estuviera finalizando, y apenas la fase universitaria fuera a tomar camino.  

Quizás era un evento para recaudar fondos. Ese fue mi sentir en el mágico reposo. Y claro, tú fuiste eje para llamar el interés de los presentes. De repente, tu popular presencia fue promovida y por un precio que realmente no le importó a mi memoria, te quedabas un rato paseando y disfrutando de la actividad recreativa con los afortunados.

Ahí inició mi protagonismo en la quimera del subconsciente. Me adueñé de ese fortuito turno. Una y otra vez. Sin pena ni vergüenza. Me desprendía del costo como si no tuviera valor, porque su beneficio era para mí más allá del precio monetario. Era estar contigo.

Te abrazaba, me reía contigo. Escuché tu voz. Tú irradiabas una alegría pura. Te veías feliz.

Quisiera decir que recuerdo la conversación. Que logré decirte todo lo que siempre quiero y al momento no puedo. Mi corazón quiere creer que sí. Que te conté de lo maravilloso que es tener la luz de tantos niños en la familia. Que mi vida ahora camina a través de los dos luceros de mi hijo. Que estamos bien y hemos aprendido a extrañarte en silencio para ayudarnos unos a otros con el duelo.

Se acababa el tiempo y te decía “No te vayas”. Muchas veces y amarrando tu mano con la mía. Quedaba tanto que te quería compartir. Tanto que quería seguir captando para ayudarme a no olvidar. Porque ese el temor con el pasar de los años: no queremos olvidar los detalles y la vida misma nos desafía.

Tú me mirabas sin entender. Fue así, que en medio del momento surreal de mis pensamientos, que entendí que me hablaste sin palabras. Que me hiciste recordar que no te has ido. Que vives en que cada momento en que te pensamos. Que nos alivia pensar tu éxito, tus aventuras vividas, las risas compartidas.

Me levanté de repente. Asustada y triste de que la realidad me retomó a tu despedida cruel. Pero volví a cerrar los ojos, y abrazada del consuelo, agradecí nuestro encuentro.

Me quedo con la paz que me dejaste a través de tu mirada. Lo escribo para tenerlo palpable por siempre. Para cuando los días grises se avecinen, pueda recurrir al día que alegraste mis sueños.

Hasta que nos volvamos a encontrar.


miércoles, 14 de febrero de 2018

Ayuna de palabras hirientes y transmite palabras bondadosas.

Ayuna de descontento y llénate de gratitud.

Ayuna de enojos y llénate de mansedumbre y paciencia.

Ayuna de pesimismo y llénate de esperanza y optimismo.

Ayuna de preocupaciones y llénate de confianza en Dios.

Ayuna de quejarte y llénate de las cosas sencillas de la vida.

Ayuna de presiones y llénate de oración.

Ayuna de juzgar a otros y descubre a Jesús que vive en ellos.

Ayuna de tristeza y amargura y llénate de alegría el corazón.

Ayuna de egoísmo y llénate de compasión por los demás.

Ayuna de falta de perdón y llénate de actitudes de reconciliación.

Ayuna de palabras y llénate de silencio y de escuchar a otros.

"Si todos intentamos este ayuno, lo cotidiano se irá inundando de paz, de amor, de confianza".- 

Ayuno & Abstinencia - Cuaresma 2018  

Bienvenido a mi burbuja ¿Traes contigo una aguja?